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Revista del Área de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UdelaR (Uruguay)

 

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/VIOLENCIA/ 

Violencia simbólica o violencia contra los símbolos.

Terror y violencia en las sociedades contemporáneas  

Raúl René Villamil Uriarte.

Roberto Manero Brito

 

 

 

 

“Todo lo sólido se disuelve en el aire y

todos los objetos están preñados de sus contrarios”

Karl Marx

 

 

Lineamientos generales      

   A partir de los acontecimientos de violencia dirigida que derribaron las torres gemelas en NY, del atentado al Pentágono y de los últimos avionazos en los EU, en lo que se dio por llamar en los medios “el martes negro” ( 11 de septiembre del 2001), se reformulan ciertas preguntas y aparecen otras, sobre la espiral de la violencia que cada vez se globaliza con más intensidad. La violencia que se difunde en los escenarios en los que se debate el dominio y control del mundo es el de la guerra tecnológica y superdesarrollada, la que pone de manifiesto su poder de destrucción, en los términos de la contundencia con la que en pocas semanas se puede llevar a cabo impunemente ( con la aprobación y apoyo de muchos otros países) un etnocidio. Mucho del éxito de este proyecto de imposición de occidente, sobre cualquier otra forma cultural desconocida, se lo debe a la estrechez de óptica que los medios masivos de comunicación padecen. De ambos lados de las visiones del mundo en conflicto. Deficiencia por defender de inicio, indiscriminadamente, una forma  de existencia que no cede al imaginario simbólico del poder. Olvidando impunemente la crítica de lo que la diversidad social obliga a los medios a realizar, traicionando el sentido de la representatividad de las demandas colectivas que supuestamente avalan sus sondeos de opinión. El uso, la difusión y la impunidad con que las imágenes del ataque a los EU se difundieron fue excesivo intencionadamente, para preparar el plan de la imposición orquestada de un etnocidio, con el alto costo que se significan en vidas humanas, en la devastación simbólica de un proyecto de conquista del mundo y de lo que lo rodea. Además de la incredulidad ingenua con la que millones de ciudadanos norteamericanos se negaban a creer el odio que han cultivado generosamente en el mundo. Por otro lado la situación no se muestra demasiado alentadora en cuanto al la hermenéutica que el mundo religioso aplica a la forma de ver el mundo. Lo que lacera directamente a los niños y a las mujeres. Sin dejar de pensar en la condición de determinación masculina tan cruda. 

      El planteamiento tan básico, moralizante y sumamente retardatario que los medios de comunicación  del lado yanqui y el afgano con todos sus afluentes, hacen de la autonomía cultural y étnica, dilematizan en lugar de problematizar el respeto a la diferencia de todas las posturas que están en juego. Se establece una lucha del occidente por la justicia, calificando de primitivos, salvajes, retrazados o ignorantes a todo el mundo de lo desconocido, que se arraiga en los prejuicios, en las fobias y en las filias, esto bien vale aclarar que se da en ambos frentes.

      “Los que no están con los Estados Unidos son terroristas”

      La discusión que actualmente sostienen algunos periodistas, comentaristas noticiosos, intelectuales, políticos y ciudadanos comunes sobre la violencia que recorre el proyecto de las sociedades modernas, tiene que ver con una gran variedad de elementos que también hacen visible la complejidad de violencias que constituyen el proceso insoslayable de la Violencia Mundial. Desde la violencia en la pareja, la intrafamiliar, la de ghettos, la institucional, la de Estado, la cotidiana, la de la globalización, la del sujeto a nivel íntimo, etc, todas al parecer guardan esquemas caóticos entre si, pero también esquemas de comportamiento similares en términos de una propagación del miedo. En esta forma de entender las similitudes, el cuerpo humano ocupa un lugar privilegiado para que el terror atente contra él. El territorio que tiene sus fronteras en el límite del tacto, la piel. La guerra contra el equilibrio de las sensaciones cotidianas, sufre estragos incalculables ante este sistema de amenaza a la integridad personal del propio cuerpo.

El derrumbamiento de los símbolos

      El ataque terrorista del que fueron objeto los EU , se dirigió  a los símbolos del país más poderoso del mundo después de la caída del socialismo. Constituye un atentado al proyecto de economía mundo, al mercado internacional, al de seguridad nacional, a la invulnerabilidad que ofrece un escudo antimisiles en NY ante una estrategia de desafío, pero que siniestramente  y de forma rápida reaccionó cuando un general norteamericano 5 estrellas declaó: “ esos símbolos fueron derrumbados” pero el poder militar quedó intacto.

      El derrumbamiento de las Torres Gemelas y el dispositivo de producción de terror que desencadena estos hechos, por lo menos nos muestras algunos escenarios o arenas políticas, en los que las preguntas sobre el campo simbólico que sostiene la cultura, la política, la familia, la escuela, la religión, etc, de la sociedad norteamericana, son imprescindibles, ya que estos sistemas a su vez, también estructuran el psiquismo del ciudadano norteamericano.

      La violencia en contra de los símbolos tiene repercusiones reales, en el mundo de lo concreto, realmente se vienen abajo los edificios con todo y la gente que los habita. También se conmocionan los campos simbólicos que soportan el psiquismo, sus sistemas de representaciones, convirtiendo el proceso de subjetivación social en persecución y miedo.  La conflagración tiene éxito en esta nueva forma de propagar el terror, por el número altísimo de muertes de víctimas inocentes que fulmina este dispositivo en un solo movimiento de visibilidad, utilizando la propia tecnología para tirar las torres que interrumpian la profundidad del ojo del poder, que no se sacia de abrir los espacios como  huella incuestionable de su presencia, fenómeno de terror que se basa en una deuda pendiente. Ante la devastación que el proyecto de la globalización lleva a cabo en el mundo que se resiste a la integración al occidente, esta  guerra de símbolos es también una guerra de imágenes. 

      Por la magnitud de la hazaña que logra el enemigo, por la sorpresa y cálculo, por la complicidad del exterior con las redes del interior del país. Por el encontronazo entre cosmovisiones del mundo radicalmente opuestas. Por la mitología religiosa que se inscribe en el imaginario social de cada cultura y que puestos a jugar en el mundo se repelen. La respuesta del país ofendido es intensificar el proyecto de etnocidio que inspira a todo proyecto civilizatorio y que los EU día a día desde finales del SXIX. El atentado a los símbolos de occidente tiene un costo inimaginable, por lo pronto la devastación extrema y omnipotente de todo el mundo simbólico que pueda representar lo que mas odian los norteamericanos. En términos de la intervención que la alianza del norte hace en contra del talibán, desmontando de tajo literalmente, todos los símbolos de esa pobreza del mundo afgano, que potencialmente genera el terrorismo contra la libertad. Bin Laden es un prototipo del terrorista construido por los medios de comunicación, en la que cabe todo el mundo árabe, musulmán, fundamentalista y anexas. Sin olvidar también la relación como socios de negocios entre los Bush y los Bin Laden y lo que esto simboliza en la propagación de la muerte.  

  

La estrategia del atentado terrorista y la idea de muerte.

      La estrategia que los terroristas usaron para activar el miedo, la angustia, la paranoia, sirve para generar incertidumbre como una atmósfera propicia para la psicosis colectiva. Dentro de la sorpresa con la que se llevó a cabo el ataque, existen varias cuestiones que no se pueden pasar por alto, como la precisión en el tiempo y en el espacio con la cual fueron desviados los aviones y estrellados en las Torres y en el Pentágono. La habilidad de pilotos profesionales mostrada por los secuestradores para hacer maniobras de alto nivel de dificultad. La tardanza y hasta torpeza con la que el aparato de Seguridad Nacional reaccionó ante los acontecimientos. Lo que abre una fuerte reflexión ante la tecnología mostrada por los EU en la creación de un escudo antimisiles para proteger su espacio aéreo, en las medidas antiterroristas que supuestamente vienen desarrollando desde los atentados en Oklahoma de 1993, etc. Lo cual nunca pudo siquiera imaginar un atentado como el del martes 11 de septiembre, ya que la visión de la vida y de la muerte en las tradiciones de occidente y de oriente son distintas. Para los estrategas norteamericanos resultó imposible pensar en un pequeño equipo de terroristas armados con cuters dispuestos a morir por la causa.

      Lo que comprueban estremecedoramente estos atentados es que ningún país en el mundo está a salvo en su territorio de la violencia extrema. Que los EU a pesar de su predominio e influencia en el ámbito de los intereses internacionales, su territorio y sus habitantes ya están en un permanente riesgo de ser atacados. Por los enemigos externos reales o imaginarios o por los mismos enemigos del interior que han desatado una ola de atentados bio-químicos como el Ántrax.

      La vulnerabilidad que mostró el sistema de defensa nacional de los EU es un duro golpe al narcisismo y prepotencia de un país que ante la desaparición de los símbolos de poderío, grandeza e inviolabilidad, así como se fracturan las instituciones sociales en las que se deposita la confianza y credibilidad en el proyecto de globalización de una economía mundo, dejando en la fragilidad a la conciencia ciudadana del norteamericano común. Lamentablemente el atentado dio en el blanco.

Las víctimas inocentes

      Aquí es necesario detenerse a profundizar en la noción de víctima inocente, sobretodo porque han sido precisamente los EU en sus innumerables guerras los que han acuñado esta nomenclatura, cuando atacan a otros países sin consideración alguna en lo que se refiere a personas involucradas directamente en el hecho bélico. Normalmente atacan blancos y objetivos civiles, en donde las escuelas, hospitales, bodegas de alimentos, conjuntos residenciales, iglesias y mezquitas, siempre son confundidos o erróneamente atacados. Lo que actualmente llevan a cabo bombardeando con las llamadas bombas inteligentes[a las personas que por el solo hecho de pertenecer a un país son culpables del Estado de Guerra. Uno de los niveles que reclama el país ofendido como sistema de venganza, es la legitima defensa aprobada perversamente por el mundo occidental, la cual reacciona desmantelando el campo simbólico de la identidad nacional que sostiene la autonomía afgana y la desaparición sin compasión de todo lo que huela o se parezca al Talibán. En  tal dimensión de lectura la víctima siempre es partícipe de un sacrificio religioso de amplio alcance. Lo que remueve la idea del bien y del mal, que concede razón histórica al agresor según el lugar que predominantemente ocupe en los medios de comunicación masiva.

      Entonces se pueden proponer algunas conjeturas sobre esta disertación. La primera tiene que ver con la hegemonía de los EU en el mundo mediante la guerra y el terror, al imponer un imaginario social sobre el fenómeno que se provoca cuando ellos son los agresores, entonces las víctimas civiles son por error. Cuando ellos son los atacados las víctimas son inocentes. Aunque en el tenor de la impunidad de la guerra en ambos lados existen muertes injustas de lessa humanidad. Lo que al parecer va quedando claro es que a partir de las dos bombas atómicas que los EU tiraron en Hiroshima y Nagasaki, Japón, no existen victima inocentes. La relación territorio, identidad nacional, victimización es el eje que va legitimando la masacre que una cultura puede imponer sobre las demás.      

La ideología del norteamericano y sus prejuicios ante el exterior.

      Lo primero que ha empezado a cambiar es la concepción que el norteamericano sensible tenía sobre sí mismo. La idea de su exterioridad y de cómo es percibida por los otros.  Es bien sabida la posibilidad económica, política y cultural que los ciudadanos yanquis tienen para ser viajeros del mundo. Allá en los confines más extremos del planeta, uno pude encontrar un norteamericano al lado de un japonés sacando fotos de todo lo exótico que se autonomiza del mundo de las hamburguesas.

      La declaración del presidente Bush, a los tres o cuatro días de la tragedia, publicada en la primera plana de muchos diarios nacionales e internacionales, no solo es muy incomoda sino que eriza las conciencias mas indiferentes, cuando declara la sorpresa que le genera el odio que algunos países tienen en contra de los EU. Incomoda pensar al ciudadano común del país mas poderoso del planeta, inconsciente de esta realidad,  al representar en el mundo una manera de vivir en la que los sujetos que la profesan no dan crédito a la impunidad con la que pueden meterse en cualquier conflicto internacional. Inquieta pensar que no están  concientes de la reprobación y rechazo que han sembrado por mas de dos siglos en todo el planeta ante esta actitud de hegemonía cueste lo que cueste.

      Existe el riesgo en la mentalidad norteamericana de seguirse desarrollando con mas virulencia la cultura en contra de la diferencia, en donde la intolerancia de razas, religiones, formas de vida y manera de pensar que no sean familiares a los grupos de ultraderecha, sean condenados a la desaparición. O en una visión menos pesimista pero más utópica, este puede ser el momento de la gran reflexión nacional con respecto al problema de la identidad colectiva, con respecto a un análisis del significado de los símbolos patrios que permita una apertura del individuo, del grupo, de las instituciones y de la hegemonía de los EU con lo que le es ajeno, desconocido o diferente, es decir una fuerte reflexión sobre el sentido del otro. Es una reactivación del odio xenofóbico o la invención de una nueva ética del sujeto fundado en la confianza.

Terrorismo mediático.

      Al decir de Giovanni Sartori es más peligrosa la televisión manipulando imágenes de terrorismo, que el hecho terrorista en si. Al parecer con este comentario está dicho todo. Pero no se puede escapar a la tentación de entrar en el fascinante mundo de la imagen, de sus atributos, de su valor y de la capacidad que tienen los medios para manipularla y crear sentido. Esto es pensar  en que es lo que realmente vimos reiterativamente por televisión el “martes negro”. Dos aviones estrellándose sobre las torres gemelas de NY, con una pausa de tiempo, entre un acontecimiento y otro, lo suficientemente calculado para que pudieran acudir todos los medios a filmar en vivo el segundo avionazo. El video del ataque, del derrumbe de las estructuras, es un doble atentado por el efecto que logra la captación de la imagen que se difunden inmediatamente a todo el mundo. Es en si mismo un atentado a las mas de cinco mil víctimas que perecen inmediatamente con la agresión sorpresiva. Pero también es un desmontaje de los símbolos que ha impuesto en el planeta, el hasta entonces, país mas poderoso del mundo. Aunque paradójicamente el exceso de difusión de las imágenes, también han trabajado a favor del etnocidio que ya realizó el poderío gringo. La función de los medios aquí queda claramente probado, cuando avalan sin cuestión la respuesta indiscriminada del agredido en contra del agresor, diciendo se lo merecen. Pero que significa este aval que los medios hacen del ejercicio del poder, ocultando y minimizando la devastación que genera la violencia. Hasta ahora las imágenes del ataque de los norteamericanos está fuertemente dosificada, para no manchar la impecabilidad de la cirugía de amputación de los símbolos fundamentalistas e islámicos.

      Es muy conmovedor y cínico el manejo mediático de mujeres afganas manifestándose por querer parecerse a las mujeres liberadas de occidente, pues en el fondo del manejo de esta manifestación, se fundamenta que la verdadera libertad de la mujer, consiste en ser explotada por el empleo y por los cosméticos que conllevan al concepto de belleza válida en occidente. Resulta muy interesante como las imágenes difundidas por la televisión y la prensa  toman como centro a la mujer afgana y se olvidan de los niños, de los enfermos, de la gran mayoría de pobres, de los ancianos y de los discapacitados de guerra, etc, haciendo de las mujeres el foco publicitario por excelencia para lograr que los grupos feministas de occidente, salgan a la defensa de la condición femenina que prevalece no solo en Afganistán, sino en todo el mundo del fundamentalismo islámico. Utilizando hábilmente la ceguera de estos grupos que no respetan la diversidad cultural, llevando hasta el extremo la idea que occidente a difundido como predominante en el mundo de la liberación femenina. No obstante lo anterior, el manejo mediático que la sociedad occidental ha hecho del acontecimiento todavía tendremos que evaluarlo, pues día a día surgen elementos que se escapan del análisis de las situaciones presentes.

Preguntas y apuntes como claves de inteligibilidad

      a) La globalización de las sociedades modernas, no solo es de servicios, mercancías, conceptos, bienes, ideas y formas de vida, también es globalización del miedo, de la violencia extrema y del terror, que en la difusión informativa trabaja como un agente del control social del vértigo de la velocidad de las imágenes que acortan y clausuran definitivamente las distancias, culturales, políticas y religiosas, pero con el predominio absoluto de una forma de vida norteamericana. Desde esta perspectiva ¿ que va a pasar o está pasando con la resistencia local, con la retroacción de los países hacia los nacionalismos de ghetto, de secta, de clan o de grupo en el poder? 

      b) ¿Cómo entender la declaración de Bush, en cuanto a si se está con los EU o se está con los terroristas? La dilematización religiosa del bien y el mal. En donde el bien es estar de lado de los norteamericanos que luchan contra las fuerzas del mal y los que por exclusión son los malos que representan al diablo y al terrorismo. ¿En la arbitrariedad de los símbolos esto realmente tendrá una función que pueda ejercer el terror en los que no estén del lado norteamericano?

      c) Lo que salta inquietantemente a la vista, es el lugar central que ocupa el cuerpo humano como objetivo primordial de la conflagración mundial de ambos lados, la representación simbólica del cuerpo está en entredicho y también ejerce su función. El cuerpo humano es realmente el símbolo del territorio en donde se da la reparación del daño, en donde se inscribe la afrenta y en donde se pide, con toda la fuerza de la que es capaz el país mas poderoso del mundo, la desaparición del horizonte de visibilidad del otro.

      d) El derrumbamiento físico y simbólico de los emblemas de poderío comercial, de inteligencia y espionaje, se relativiza de manera siniestra, ante la respuesta del poder militar y bélico, que en su ejercicio pueden volver a investir de sentido los símbolos físicos derribados, ante la feroz ofensiva que los norteamericanos lanzan como una especie de revestimiento simbólico de su vigencia en el presente. Ante el ataque a sus símbolos, se responde con la desaparición inmediata de todo vestigio que se oponga. ¿ Cual es y será, ante esta carnicería indiscriminada, el futuro de los grupos en resistencia ante la aplanadora del poder instituido y legitimado?

      e) Otra paradoja que se impone en el campo de inteligibilidad, es la fragilidad del superdesarrollo tecnológico, que encuentra su talón de Aquiles ante un atentado perpetrado por un grupúsculo de infelices que están dispuestos a dar la vida por la causa, armados con cutters. Toda una memoria colectiva al servicio del proceso civilizatorio  se pone en jaque ante los ataques de terror que no respetan la concepción de vida cotidiana que se lleva acabo día a día en occidente. Y aún mas ataques de terrorismo que el enemigo externo-interno provoca a la idea de muerte del sujeto del mundo libre. Esto es pensar a la vida protegida por un escudo antimisiles, en contra de lo fundamental del acto de morir por la causa de los demás. El sueño de la vida americana y su encontronazo con la idea de muerte que prevalece en el enemigo, no importa realmente quién es o quién puede ser el transgresor, todo apunta a la construcción de la peligrosidad e intolerancia del otro.

      f) Al parecer una característica del Estado de Guerra contemporáneo es borrar efectivamente la apenas insinuada frontera entre los implicados directos y las víctimas inocentes. En una conflagración de este tipo, las diferencias finas, sutiles y básicas que dan sentido a lo individual, a lo íntimo, a la posibilidad de discrepar y de oponerse al resto de los demás, se engruesan, se difuminan en el todo de la masa y de la identidad étnica, pues para el ojo del poder, todos los que se encuentran en el terreno probable para que el misil explote, son enemigos y se lo merecen por el efecto que produce la proximidad. Pueden ser diferentes, pensar radicalmente opuesto entre si y con todos los demás, pero por proximidad son culpables , por lo cual no hay que dejar vestigios de estos nexos, como un mero acto de impunidad en contra de los que no están con nosotros de este lado, es decir están allá. Por este fenómeno el ejercicio de la guerra sucia, no reconoce inocentes, sino identidades rebeldes que pueden difundirse entre los inconformes  por contagio.

      g) La reflexión final con la que cerraremos este escrito, tiene que ver con la conciencia y percepción que los ciudadanos norteamericanos tienen de si mismos como sujetos sociales, morales y éticos ante lo que su país representa en muchos lugares del planeta. Es aquí en donde los medios masivos de comunicación han jugado un papel importantísimo en el encubrimiento, inversión y manejo de la información para los mismos norteamericanos de lo que su país históricamente ha construido como repudio generalizado.